Buenos días, mesa administrativa, profesores, alumnos, invitados todos, público en general. Hoy estamos aquí para conmemorar el aniversario número 173 de la Independencia Nacional Dominicana, una hazaña que repercutió de forma trascendental en nuestra historia, en la cual hombres y mujeres valientes, entre los que se destacan: Juan Pablo Duarte, Matías Ramón Mella, Francisco del Rosario Sánchez, Juana Saltitopa, María Trinidad Sánchez, Juan Isidro Pérez y otros que lucharon para que hoy seamos una nación libre e independiente, para materializar los derechos que todo ser humano merece y que el Estado garantice su protección e igualdad entre sus nacionales sin ningún impedimento de una fuerza externa a la persona.
Para dar una mejor visión de estos acontecimientos pasados, remontémonos a 1838, donde un grupo de jóvenes decididos a ser libres, a cargo del brillante patricio Juan Pablo Duarte y reunidos en una sociedad secreta llamada La Trinitaria, planearon el derrocamiento del gobierno haitiano, dando paso a la Independencia Nacional la noche del 27 de febrero del 1844.
Todos estos logros, esta gloria, han sido manchados por malas administraciones y abuso de poder. Aunque no nos invade de forma directa otra nación, grandes empresas extranjeras extraen nuestros recursos, corrompen y obran a sus anchas perjudicando el desarrollo de nuestro país. El propósito de las luchas independentistas era la proclamación de un Estado que protegiera nuestros derechos fundamentales, pero hemos estado arrastrando males que frenan el progreso de nuestra nación insipiente, tales como la corrupción y la impunidad, los que mitigan los derechos por los cuales luchamos, salud, educación, techo, integridad física y desarrollo humano, entre otros derechos…
Al hablar de estos males entramos en un círculo vicioso, donde la corrupción se genera al llegar un nuevo funcionario, con el único propósito de enriquecerse sin pensar en la ciudadanía, trae como consecuencia una mala distribución de las riquezas entre los dueños de los medios de producción y de los que no. La corrupción no deja que las escuelas y los hospitales se desarrollen de forma correcta, ya que el dinero destinado para esos fines queda estancado en manos de funcionarios y cuando se les enfrenta, surge la impunidad.
La pobreza que existe en nuestro país genera que un grupo sacudido por la escasez opte por delinquir a fin de que su situación mejore. Respecto a la corrupción se ha destacado últimamente el caso del conglomerado de negocios de infraestructura brasileño Odebrecht, quien declaró que ha sobornado con millonarias sumas de dinero a diferentes puestos del gobierno, para así recibir favores, en forma de contratos de ingeniería sobrevalorados, para la realización de sus proyectos, perjudicando las oportunidades de diferentes constructoras nacionales e internacionales que estarían más que dispuestas a realizar los mismos de forma legítima.
Podemos decir que la corrupción es una enfermedad que afecta directamente a la sociedad, la moral y la justicia, así como el progreso de la nación. Tenemos que buscar soluciones, como la penalización por acciones corruptas, como es el enriquecimiento ilegal a costa de dinero común. Los jóvenes somos el presente y el futuro de nuestro país, tenemos y somos la voz y el poder, animémonos y luchemos contra lo que nos parece injusto y así volvamos a ser libres e independientes. Recordemos los acontecimientos ocurridos cuando la noche del 27 de febrero Matías Ramón Mella disparó su trabuco y nos dio la libertad. Este país necesita de jóvenes decididos al cambio y al progreso, necesitamos avanzar, no retroceder; debemos participar activamente en la prevención y lucha contra la corrupción, ya que conocemos de más su gravedad.
Un manejo público honorable, honesto, eficiente… mejorará las funciones sociales del Estado y sus deberes en la seguridad y la justicia de sus ciudadanos.







